Como era antes 🌞 Capítulo 1

 

1. Déjà vu

En la vida siempre hay un momento en el que debes elegir entre morir por otros o vivir por ti. Aunque eso suponga un fin. ¿Un fin a qué? Te preguntarás. Bueno, estás a punto de descubrirlo.

El <<riiing, riiing>> incesante de una alarma retumba entre mis oídos. Va de un lado a otro, me marea... pero no consigue ser lo suficiente fuerte para despertarme. El cuerpo me pesa y siento que mis ojos están pegados el uno con el otro, porque no hay manera de que pueda abrirlos. Hago el amago de luchar contra el sueño, pero la verdad es que deseo quedarme ahí un poco más. Suspiro, me dejo llevar por la corriente de sueño y...

—¡¡Noah!! —tocan la puerta sin cesar. Gruño--- ¡¡¡Noaaah!!!

Abren la puerta. Vuelvo a gruñir. Maldición, quería dormir un poquito más...

—¡Noah, vamos quinientos mil años tarde, apúrate!

—¡Voy! —grito mientras me levanto a duras penas.

Me quedo mirando algún punto invisible. ¿Por qué tengo que trabajar? Para sobrevivir, ya sé, pero ¿Por qué todos los días y tan temprano? Debería ser un jodido crimen hacer que miles de personas se levanten todos los días a la misma hora solo para ir a trabajar. Me froto la cara, somnolienta, y me tumbo de nuevo en la cama. Una luz suave envuelta en niebla se ve a través de la ventana. Este es el instante en el que la isla sigue dormida.

—¡Noah!

—¡Ya voy, ya voy!

Me resigno y me despierto por completo. Entonces, el caos se apodera de mi vida, otro día más. Hermanos. Trabajo. Escuela. Tarde. Me levanto de la cama de un salto y miro la hora. Ocho y uno.

—Maldición. —Tenía que estar hace media hora en el restaurante.

Me visto, lavo los dientes y peino en un tiempo récord. Busco mis zapatillas y me calzo una. La otra no la encuentro. Me arrodillo y busco debajo de la cama. Estiro el brazo y hago una nueva hasta que por fin tengo el otro zapato en mis manos. Ni siquiera sé cómo diablos llegó ahí.

Tomo el celular y los auriculares y los lanzo al bolso. Cuando salgo a la sala, mis tres hermanos, Alex, Sophie y Dash, me esperan sentados en el sofá amarillo mientras se comen un sándwich. Agarro el mío y le doy dos mordiscos. Les pregunto si hicieron la tarea mientras me cercioro de que mamá siga durmiendo. Los dos están ahí, incluso se han abrazado.

Salimos de casa y los chicos bajan las escaleras que nos conectan con los vecinos y yo hago lo mismo, buscando en mi bolso que nada falte. Ha llovido, así que el viento que sopla es frío y le sugiero a los chicos bajar con cuidado porque las escaleras están mojadas, sin embargo...

Alzo el rostro de golpe cuando de pronto siento vacío debajo de mis pies.

Y lanzo un grito cuando los dos pies me resbalan en el metal. Intento agarrarme a cualquier cosa para evitar caer, pero no lo consigo. De hecho, solo logro empeorarlo. El sonido de la caída retumba como un estruendo en el silencio de la mañana. ¡Maldición! Me golpeo la espalda con los escalones y también la cabeza. Por un momento, veo pajaritos en el aire y mi mirada se oscurece. Luego, a los segundos, algo borroso aparece en mi campo de visión. ¿Una persona? Será Alex...

Me ayuda a ponerme de pie y me sostiene aún cuando lo he conseguido. Realmente lo agradezco porque todo sigue dándome vueltas y podría volver a caerme sin mucho esfuerzo. Sacudo la cabeza, intentando dejar de ver borroso... es entonces cuando caigo en cuenta.

Mi hermano Alex no tiene las manos tan grandes y, sobre todo, no es tan fuerte como para estar prácticamente cargándome.

Entonces levanto el rostro y miro a la persona desconocida que me sostiene. No vuelvo a caerme por el simple hecho de que el sujeto aún me tiene agarrada con fuerza, porque de no ser así... Me habría caído de culo en el acto. Por el amor de Dios, nunca había visto a un muchacho tan bonito. En realidad, nunca había visto a ese muchacho. Y debo parecer la chica más rara del planeta, porque no puedo dejar de mirarlo. Es que... Entrecierro los ojos. Porque de pronto siento este deja vu que no entiendo. Su rostro me suena tan familiar, como si ya lo hubiera visto antes...

La vergüenza me invade. Ay, por Dios , ¡qué verguenza! intento deshacerme del agarre, sin embargo, la otra persona no me deja ir.

---¿Estás bien? ---escucho que pregunta. Definitivamente se trata de un desconocido, porque nunca antes había escuchado una voz como esa.

Hago el amago de decir que sí, pero todavía el cerebro como que no me funciona muy bien porque de mi boca no sale nada.

Me concentro en reunir las fuerzas necesarias para poder librarme de su agarre y ser capaz de ponerme de pie por mi propia cuenta, porque, bueno tengo a un desconocido o quién sabe a quien sujetándome como si fuera un bebe.

Me sacudo el trasero con las manos. Genial, ahora estoy toda mojada. Y lo más posible es que él esté viendo mí culo mojado. Pf. <<Maravillosa primera impresión para dejar en un muchacho, Noah>>.

Pero no consigo evitarlo. me dejo llevar por el impulso y me vuelvo hacia él.

---¿Te conozco? ---le digo.

---Yo... eh... No, creo que no.

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