El último acorde - Capítulo 20
Capítulo 20: ¿Qué pasa con mi hermana?
AXEL
Oficialmente: todo se había ido a la mierda.
¿Líder de una banda criminal? ¿Narcotráfico internacional? ¿Cómo mierda aquello se había torcido tanto?
Me indignaba aún más el hecho de que todo aquello se tratara de una venganza. Me habían quitado a mi hermano, le habían arrebatado la vida a un niño, un adolescente, ¿y todo por una asquerosa venganza?
Tenía los puños apretados. Intenté con todo mi ser no volver a llorar, porque no era el momento. A partir de ahora, debía ser fuerte y mantenerme firme si quería hacerle justicia a la muerte de Martin.
Contemplé dudoso la gran construcción que se alzaba frente a mí. Recordaba desde niño que en esas paredes se alojaban todos mis recuerdos. Las memorias que me unían a mi familia. Solía correr por ese enorme jardín con mi hermano. Mucha gente no suele recordar cuándo fue la última vez que hicieron algo. Yo sí lo hacía con muchas cosas.
La última vez que jugué con Martin fue cuando él tenía diez y yo trece.
La última vez que asistí a un acto escolar de mi hermano fue cuando él tenía quince.
La última vez que dormí en esa casa fue en su cumpleaños número dieciséis.
¿Cuándo sería la última vez que fuera a casa? ¿Pasaría alguna vez? No quise pensar mucho en ello, la idea me provocaba un estremecimiento.
La próxima visita que hago a casa de mis padres, hay una tensión inexplicable y sé que ahora sí o sí debo contarles lo que está ocurriendo.
No di más vueltas y le di al botón donde se abría la verja. Estas se abrieron lentamente, avancé con el coche y al terminar de pasar, las verjas se cerraron automáticamente. Estacioné cerca de la entrada y bajé del auto. El cielo estaba nublado, como anticipando lo que se avecinaba. Una brisa fría me acarició el rostro.
Sabiendo que el tictac del reloj que aceleraba cada vez más y que nos quedábamos sin tiempo, me adentré a la casa, tratando de que con cada respiración, llenarme de un valor que no sabía si tendría.
Mi nana estaba en la cocina, no se había percatado de mi llegada.
—Hola, Oli —saludé desde la sala. Oli dio un brinco, sorprendida por mi inesperada visita.
—Mi niño… ¿Cómo has estado? —Se acercó y me achuchó entre sus brazos—. ¿Te estás alimentando bien? ¿Has estado durmiendo bien?
Asentí esbozando una sonrisa.
—Sí, Oli, tranquila. Me las apaño decentemente.
—No esperaba menos de ti… —Su mirada se entristeció—. Tu madre ha estado encerrada en su cuarto todos estos días. No se tomó nada bien que le hayamos cerrado el cuarto del niño Martin.
Le hice un gesto mostrándole las llaves que había guardado en mi chamarra antes de salir de casa. Se las devolvería y dejaría que mamá hiciera lo que más necesitara. Haberla forzado a alejarse de lo único que le quedaba de su pequeño hijo fue una brutalidad de mi parte y aceptaba mi error, quería enmendarlo.
—¿Papá?
—Tu padre… está en su despacho.
—Vale, iré a verle a él primero.
Oli se quedó regando las plantas mientras me miraba con preocupación. Entendía por su actitud que las cosas en casa seguían tan mal como desde el primer día que comenzó esta tortura. Me armé de valor antes de abrir la puerta del despacho de papá.
«Bien, esto es lo que debo de hacer», me di ánimos.
El despacho de mi padre estaba hecho un desastre. Había papeles arrojados en el suelo y desperdigados en todo su escritorio. En la enorme silla que algún día dejó ver a un hombre astuto e imponente, se hallaba mi padre, encorvado y con el rostro hundido en las manos, su cuerpo daba pequeños espasmos, como si llorara. Tragué el nudo violento que cerró mi garganta.
—¿Papá? —dije muy por lo bajito. Tenía miedo de que, si alzaba mucho la voz, pudiera causarle algún daño, por muy absurdo que eso sonara.
Vi como mi padre alzó el rostro. Los ojos de papá se deslizaron en torno a los míos. Me analizó, como si fuera un caso más que debía resolver y ganar.
Tragué fuerte. Bien, nunca te acostumbras a ser escrutado sin sutileza por tu padre.
—Padre yo…
—Axel. —Lo vi levantarse de la silla, tenía un aspecto preocupante. Mucho peor que el que tenía la primera vez que vine—. Ya te habías tardado en aparecer por aquí, hijo. ¿Hoy también nos engañarás a tu madre y a mí? —inquirió, amargado.
Agaché la cabeza, avergonzado de mis actos. Ya sabía que mi decisión de haberlos llevado a ciegas a la cita con la terapeuta no les había caído en gracia. Y también sabía que había cometido un grave error, me arrepentía de ello.
—Lo siento mucho, papá, te juro que no quería…
—¿No querías qué, Axel? ¿Soportarnos a tu madre y a mí? ¿Acaso quieres que olvidemos lo que ha pasado tan fácilmente? ¿Cómo podríamos, Axel? ¿Cómo podría- —La voz de papá se rompió, mi corazón también lo hizo con ello.
—Claramente no pretendía nada de eso, papá, solo quería ayudar, solo quería…
Si estuviera en mis manos, intercambiaría mi vida por la de Martin. Si fuera por mí, habría sido yo y no él. Lo habría elegido a él siempre sin vacilar. Si estuviera en mis manos… quitara el dolor agonizante de mis padres y me lo daría a mí con tal de que ellos estén tranquilos. Pero no podía hacer nada de eso y aunque no lo parezca, eso es algo que cuesta mucho aceptar.
—Siento mucho haberlos expuesto así, debí… —Tragué—. Debí haberles preguntado primero por vuestro consentimiento. Debía mencionarles la idea y esperar a que estuviesen de acuerdo. Yo… Solo estaba desesperado, quería verlos bien, quería que dejasen de actuar como dos cuerpos sin alma. Sé que ha sido difícil, para mí también lo ha sido, pero iba a morirme si seguía permitiendo que se hundieran en el sufrimiento. No podía… No podía seguir viendo cómo la vida me arrebataba a las otras dos personas que más amo en este mundo, ¿vale? así que actué por impulso, pero mis intenciones nunca fueron malas, papá. Te lo juro.
No me importaba si debía suplicarle a él y a mamá por perdón. No me importaba en lo más mínimo porque haría lo que fuera por remendar mi error.
Esperé que papá respondiera. Que me dijera algo, que terciara, que siguiera reprochándome por lo que les había hecho, pero en cambio solo recibí silencio y eso fue mucho peor. Solo recibí una mirada fría y distante.
—Tengo que decirte algo más.
—¿Qué más vas a decir?
—Tenemos que hablar sobre la muerte de Martin —dije al fin. Y ahí fue cuando pasó todo.
Papá se acercó en dos zancadas a mí y me cogió por el cuello de la chaqueta. Sentí su respiración agitada golpearme el rostro. Le había hecho enfadar. Sabía que esta reacción era probable, pero igual me tomó desprevenido. Intenté quitar su agarre, pero papá era fuerte y la rabia lo motivaba. No logré soltarme.
—No sé qué diablos es lo que buscas, Axel, pero para.
Me debatía en una lucha interna en la que no encontraba qué bando tomar. ¿Seguía hasta contarle lo que debía o lo dejaba en paz de una buena vez? No, había ido allí con un objetivo y debía cumplirlo.
—Pero es que es importante, papá, —insistí—, a Martin…
Entonces papá me soltó. Y segundos después, me dio una bofetada.
La acción me dejó tan consternado que no reaccioné por un largo rato. Nunca me había puesto un dedo encima y lo que dolía más no era el golpe. Al menos no el de la mejilla.
—¡Deja el nombre de tu hermano en paz! —exclamó furioso.
Luego comenzó a lanzar los papeles por los aires. Entendí que no era la primera vez que tenía un momento de ira como ese. Quizás así era como pasaba sus días después de haber perdido a Martin.
Papá gritó. Una y otra vez. Y entre esos gritos, se escaparon sollozos. Intenté contener las lágrimas lo más que pude, pero lo cierto era que nunca había visto a mi madre en un estado tan expuesto y frágil. Agaché el rostro. No me interpuse entre él y el llanto, solo dejé que sacara lo que llevara dentro, no me importaba si eso conllevaba dejar que me gritara, incluso podría seguir abofeteándome..
Hasta que de pronto, se detuvo. Y fue tan brusco que provocó que mi corazón se acelerara incluso sin saber qué había ocurrido.
Alcé la cabeza, buscándolo con la mirada.
Nunca me sentí más aterrado en mi vida.
Por segunda vez, creí que lo perdería.
*
UN DÍA ANTES, Conversación con Abraham.
Ya no podía más.
El hermano de Jared me miraba con fijeza desde el otro lado de la mesa.
—Tienes que contárselo a tu padre, Axel —dijo Abraham.
—No puedo.
—No puedes —repitió—. No es cuestión de poder, Kane. Esto es algo peligroso, yo… No puedo contarte demasiado por tu seguridad, pero todo esto… Hay algo muy grande detrás.
—Lo sé, es sólo que… Aún está muy afectado por lo de Martin, no creo que esto sea…
—Quizá sí sea lo mejor, Kane. ¿No crees que a tu padre le gustaría dar con el culpable de lo que le sucedió a tu hermano?
—Pues, sí, pero no… Me da miedo el cómo pueda reaccionar, eso es todo.
—Y es entendible, pero debes tomar una decisión. Y lo siento mucho, pero si no se lo cuentas tú, tendré que ir yo personalmente a hablar con él.
Hice una mueca. El hermano de Jared no daba la impresión de ser la persona más sutil, al ver la mueca que puse, Abraham hizo un gesto con la mano.
—Sí, eso supuse.
Lo pensé por un momento. Sabía que él tenía razón y que tenía una justificación muy importante: papá podía ayudarlo (o quizá no) a dar con el criminal más rápido, o eso era lo que yo creía.
—Vale, —cedí, pero aún había algo que no me termianaba de convencer—, ¿Qué hay de tu hermana?
—¿Mi hermana? —Frunció las cejas—, ¿qué pasa con ella?
—A ella también le están enviando mensajes, a ella también la siguen. Esto nos involucra a ambos.
Hizo un gesto restándole importancia.
—De mi hermana me encargo yo. No te preocupes.
Alcé un poco las cejas y negué con lentitud. Él no lo había entendido. No era un insensible que iba por la vida involucrando a gente en problemas gordos y luegos los dejaba a la deriva.
—No puedo.
—¿Ahora qué no puedes?
—Ignorar y hacer como si a ella no la están intimidando también. No me importa si me persiguen a mí, pero sí lo hace que le puedan hacer algo a Jared.
Abraham Kavanagh me miró con seriedad por un momento, analizándome con su mirada.
—Ya te lo he dicho, Kane. De mi hermana me encargo yo —repitió, inclinándose en la silla—, tiene a su hermano policía, es suficiente protección.
No me interesaba si el hermano o el padre de Jared eran el mismísimo presidente del país, no iba a quedarme sentado esperando a que otro la proteja.
Esa última línea de pensamiento me confundió un poco, pero luego lo ignoré. Era obvio que, ahora que conocía a Kavanagh por mi propia cuenta, le tenía aprecio. No muy grande, obviamente, pero algo le apreciaba.
—Me queda claro, pero no voy a hacer la vista gorda. Me estás pidiendo algo casi imposible.
—Pero deberías poder, Kane. Si te soy sincero, no es de mi mayor agrado que mi hermanita se junte con el tío que la hizo meterse en este asunto.
No sé si fue por el tono que usó al decirlo, pero me embargó un sentimiento de rabia. Era ligero, pero ahí estaba.
¿Que acaso él creía que lo había hecho a propósito? Jamás habría querido que Jared se viera envuelta en algo así. Ni Jared ni ninguna otra persona. Es más, era tal que habría preferido ser yo el que hubiese acabado en manos de esos criminales en vez de mi hermano. Estaba dispuesto a hacer muchas cosas por hacerle justicia, pero involucrar personas inocentes no era una de ellas.
No dije nada de esto. En cambio, callé y apreté los puños con fuerza. Abraham volvió a hablar luego de ver que yo no respondí.
—Pero ya que estás tan interesado en ella y como no soy nadie para decirte qué hacer o qué no, entonces deberías hacer algo para que no esté tan triste. Odio ver a mi hermana así y si su enamorado puede hacer algo por ella, pues deberías. No es que tú me agrades mucho, ojo, pero te prefiero antes que a ese imbécil.
Me apresuré a negar, no, él me había malentendido, yo no…
—Tú hermana y yo solo somos amigos —aclaré—, no tenemos nada más.
—Claro, y yo nací ayer.
—No estoy mintiendo, Abraham.
—Oficial Kavanagh —corrigió—. La verdad no quiero meterme en lo que sea que ustedes dos tengan, pero sí quiero dejarte algo claro.
Me ahorré el intento de volver a decirle que entre Jared y yo no había nada más que una amistad, sabía que sería en vano.
—Si la lastimas, me conocerás por las malas. Y puedes preguntarle al idiota de Logan cómo le fue. Para que te hagas una idea, claro.
—Me parece muy bien que le hayas dado su merecido a ese imbécil —fue lo que respondí, aunque luego añadí—: Pero no creo que haya entendido muy bien tu mensaje.
—¿Volvió a molestarla?
—Este sábado que pasó, sí.
—Ese hijo de…
—Yo me encargué de él, no te preocupes.
Eso captó su curiosidad, porque me miró con interés.
—¿Lo golpeaste?
Hice una mueca con la boca.
—Mmm, no exactamente. Le dije a los de seguridad que lo echaran.
—¿Y no lo golpeaste?
Me rasqué la nuca.
—No soy muy bueno con mi izquierda, a diferencia de tu hermana.
Abraham asintió como dándome la razón.
—Jed es excelente dando puños, sí. Yo la enseñé.
La conversación que bien había comenzado seria, se había tornado en algo un poco… casual. Raro. Nunca me imaginé tener al hermano de Jared tan cerca ni mucho menos hablar con él del ex de su hermana o de la calidad de mis puñetazos.
El hecho de ser malísimo en las peleas no me avergonzaba (aunque quizás un poco), porque tenía una explicación.
Y esa explicación tenía nombre y apellido. Y era nada más y nada menos que Cameron Davies, el idiota de mi mejor amigo.
Digamos que, en nuestro dúo, él era el encargado de repartir puñetazos y yo… Bueno, yo era muy bueno acusando. Por algo decidí estudiar derecho.
Me defendía, claro. No era un debilucho que no podía dar un par de golpes, pero no era un matón ni nada parecido, a diferencia de lo que mucha gente podía asumir por mi pinta de mala leche todo el tiempo. Era el típico roquerito con pinta total de ser un tipo malo, pero no peleaba ni me metía en peleas. En cambio Cameron… Cam era la pelea. Él no tenía miramientos a la hora de enfrentarse a alguien.
Hablando del Rey de Roma, en ese momento sonó el timbre y, como si de su casa se tratara, Cam
—Oye, Ax, no vas a creer el sitio que encontramos Cami y yo para…
La voz de mi mejor amigo fue bajando hasta callarse. Se nos quedó mirando con confusión, bailando la mirada entre el hermano de Jared y yo.
—Te me pareces a alguien… —murmuró Cam con los ojos entrecerrados.
—Es el hermano de Jared —aclaré.
—¿Jed? ¿Hermano? ¡Claro! Eres el tipo del que me habló Cami el otro día…
—¿Y este quién es? —inquirió Abraham.
Abrí la boca para decir algo, pero Cameron se me adelantó.
—¿Este? —dijo ofendido—. Mucho gusto, me llamo Cameron. Cameron Davies, para servirle.
Abraham chasqueó la lengua, como si de pronto lo recordara.
—Ah, conque tú eres el noviecito de Cami, eh. Jared me habló un poco de ti.
—¿Mencionó lo guapo que era? ¿Lo talentoso?
—Dijo que te faltaba un tornillo, igual que a Camila.
—Vaya, que considerada —respondió Cam con un mohín.
—No mentía —dije yo a la vez. Cameron me fulminó con la mirada.
Abraham se puso de pie, quizá motivado por la presencia de Cameron.
—Yo me marcho —dijo ajustándose el chaleco antibalas.
—Vale, esto… Adiós.
—Piensa en lo que te dije —murmuró cerca de mí antes de marcharse.
Me pasé una mano por la cara, cansado.
Había sido un jodido día de mierda. Tantas cosas habían sucedido en tan poco tiempo que… Demonios, tenía diecinueve años, por supuesto que no sabía una mierda de nada.
—¿Algo de lo que no me haya enterado? —murmuró Cam, lanzándose en mi sofá.
—Mucho.
A pesar de mi respuesta, no le conté nada, y Cameron aguardó paciente. Sabía que estaba siendo mucho más considerado conmigo esos días después de lo de Martin. Normalmente, Cam no me dejaría en paz hasta que le contara lo que sucedía. Y, aunque ahora podía ver la preocupación en sus ojos, se abstuvo de preguntar nada.
En cambio, preguntó algo que me dejó confundido por un momento.
—¿Te acuerdas de esa vez que Edwards te estaba fastidiando por una tarea que no quisiste pasarle y terminaste gritándole frente a todo el insti que te dejara en paz de una puta buena vez? —Cameron hizo una penosa imitación de mi tono de voz de aquella época, lo miré haciendo una mueca—. Fue la primera vez que te vi darle un puñetazo a alguien. Fue espectacular.
El por qué sacaba eso de repente me descolocó un poco, luego me preocupó. Cam solo recordaba los viejos tiempos cuando el presente se volvía demasiado oscuro. Miré a mi mejor amigo, no había un rasgo notable que me dijera que algo andaba mal con él, de hecho, se veía hasta arreglado.
Pero algo no encajaba.
Sin embargo, lo dejé pasar.
—No lo fue. Me dejaron en detención por tres horas.
—¡Fue como ver a mi hijo caminar por primera vez! Ah, estaba tan orgulloso que al salir de detención te esperé y fuimos a comprar un pastel. ¿Recuerdas la cara que puso tu madre cuando le dijimos el por qué de nuestra celebración?
—Casi se muere —concordé, recordando la cara de horror que mi madre había puesto.
—“¡Mi niño no sería capaz de eso!” Señora, su niño le rompió la nariz a alguien.
—Te recuerdo que también me lastimé los nudillos en el proceso y duré una semana entera sin poder tocar. Además, te recuerdo que tanto tú como Cameron Cam se la pasaron toda esa semana haciendo burla de mí.
Hablando del rey de roma… En ese momento, Cameron Cam atravesó la puerta. Reparé en que tenía la respiración agitada.
—Por la anécdota, Ax. Por la anécdota.
—Ya, claro. ¿Todo bien, Cam?
—¿Han sabido algo de Hugo? Le llamo y no atiendo.
—No, yo nada.
—A lo mejor se ha ido a lo de su madre, creo que hoy es su cumpleaños. Me pareció escuchar algo así.
—¿De qué hablaban? —inquirió, sentándose en mi cama.
—De la vez que Ax dio su primer puñetazo.
—¿Te refieres a la vez que se la pasó llorando por sus nudillos toda una semana?
—¿Ves? —exclamé indignado—. Se burlaron de mí todo el tiempo.
—Por la anécdota. —Cameron se encoge de hombros, como si hubiese escuchado a Cam decirlo antes—. Además, tú sabes que es cierto. El niño pijo dio su primera patadita.
—Qué pesados son, dios. No sé cómo me los aguanté.
—Porque nos amas —dijo Cam, Cameron asintió de acuerdo.
—Y porque no tenías más amigos —añadió la pelinegra.
—Y porque nadie más te aceptaría así de friki como nosotros.
—Y porque…
—Vale, vale, ya lo entendí. Tampoco es para que me saquen todo en cara.
—En lo personal, yo sigo sin entender cómo fue que ustedes dos se volvieron amigos,
—Porque yo lo obligué —aceptó Cam.
—No me dejó otra opción.
—Y tú… Fuiste como ese hijo que recogen de la basura, ¿sabes?
—Qué idiota eres.
—Martin era más como tú —dije, sonriendo con nostalgia—. No le interesaba mucho lo que nadie dijera sobre él y, si le buscaban pelea, pues la daba.
—Lo crié muy bien —aceptó Cameron con orgullo.
—Vale, no nos pongamos tristes ahora. Mejor… —Cameron miró a su alrededor como buscando cualquier tema en el aire para salvar el momento. Cuando lo tuvo, le brillaron los ojos. Miró a Cam—. Te has puesto de novio con la pelirroja maja, ¿verdad?
—Ujum…
—No te pega en nada, sabes.
—Claro que-
—No te pega en nada —concordé. Cam nos miró con ojos acusatorios.
—Así que ahora se ponen en mí contra, eh.
—No estamos en contra tuyo —aclara Cameron—, y la chica a mí me cae muy bien. —Cameron me mira, buscando que yo dé mi aprobación. Asiento, ella sigue—. Es solo que… ¿Qué pasó con la mal vibrosa de ?
—Pues como dice el dicho, santo llorado, santo vestido. Ya lloré esa santa y ya vestí, o mejor dicho desvestí a una nueva. Y esta me encanta.
Cameron me miró, enarcando una ceja. Yo me encogí de hombros. Ese era el Cam que conocíamos.
—Así no dice el dicho —terció ella—. Y no es que no nos guste —aclaró otra vez—, es que… fue como muy rápido todo, ¿no crees? Un día la viste en persona y al otro ya estaban saliendo.
Parece que Cameron tocó una fibra sensible, porque Cam se sentó con ella en mi cama. Yo los miraba a ambos desde mi escritorio.
—Me gusta. Hablábamos antes sin saber quiénes éramos y, luego de lo que pasó en el bar supimos que éramos esos que se escribían por chat. La química ya existía, solo que no le habíamos puesto rostro y… Bueno, no sé. Solo surgió, ¿vale? Sé que fue repentino, pero me gusta lo que siento. Me gusta cómo me siento.
Camila, la amiga de Jared no nos caía mal, pero su relación había sido tan repentina que nos había dejado a todos boquiabiertos. Además, Camila era ese tipo de chica que se veía tierna, amable, amorosa… Como un conjunto de todas las definiciones positivas. Mientras que, las novias a las que Cam solía acostumbrarnos eran un poco… Bueno, problemáticas.
—Dijo que tendremos una presentación este jueves.
—A mí no me ha dicho nada.
—Me lo dijo a mí, supongo que
—Bueno, este caballero se marcha porque tiene una cita con su princesa.
—Tu labia da asco, Cameron —le dijo Cameron. Cam le hizo una reverencia.
—Para servir, Fiona.
Cerró la puerta antes de que Cameron le lanzara un cojín.
—Yo también me voy, Ax —dijo—. Nos vemos mañana para el ensayo, supongo.
Asentí. Cameron se marchó y me quedé a solas con mis pensamientos. Tendría que ir a casa de mis padres, debía hacerle caso a Abraham y contarle a papá lo que estaba ocurriendo.
*
Cuando papá colapsó en el piso, sentí terror.
No, no otra vez, pensé aterrorizado.
La ambulancia no llegó lo suficiente rápido, creí que lo perdía pues cada vez que lo sacudía, su cuerpo no reaccionaba más que con espasmos.
Mamá lloró desconsolada en mi hombro por horas hasta que Presley salió a decirnos que todo estaba en orden, que solo había tenido un colapso por la situación y que su corazón no había sufrido.
No me quedé tranquilo hasta que vi a mi padre con mis propios ojos y me aseguré de que su respiración era regular y tranquila.
Aún sabía que debía contarle lo que pasaba, pero ahora no era lo suficiente valiente como para hacerlo.
*
Después de toda ese torbellino de información que tanto Jared como su hermano me dieron, no pude
No podía mantener mi mente tranquila luego de eso. Sucumbí ante mi tortura mental y cité a Cameron Cam y Cam Cameron a mi piso. Estaba atrapado en una situación dantesca y necesitaba a mis dos mejores amigos, tomando en cuenta que no podía —o mejor dicho, que aún no me armaba de valor— contárselo a mis padres.
Que era un jodido crío en medio de un juego sangriento. Eso.
El rubio de ojos oscuros se hallaba a mi lado era como ver a una especie de ying yang humana. No exageraba cuando decía que eran como mis hermanos. Me sentí como la mierda cuando al detallarlos me fijé en todo lo que cubrían y pretendían para aparentar que todo estaba bien. Ambos Cameron tenían ojeras, Cameron estaba más delgada de lo usual, sus mejillas estaban hundidas. Cam, en cambio, se le veía el pelo de un rubio opaco, apagado. Los aspectos cansados de ambos me confirmaban que ellos también la estaban pasando como la mierda, solo que pretendían que no era así para que yo no me diera cuenta.
Y lo habían conseguido, porque yo había estado muy concentrado en mi mierda como para notar que mis mejores amigos también se estaban hundiendo conmigo.
—Tengo varias cosas que contar, solo una es buena. ¿Cuál quieren primero?
—¿El montón de mierda o una buena noticia? —le preguntó Cam a Cameron.
Cameron chasqueó la lengua.
—A veces es bueno tener una buena noticia luego de tanta mierda.
En realidad llevaba muy mala pinta. A diferencia de cómo solía verse el resto del tiempo, hoy parecía que le habían caído a palazos.
—Bien, que conste que los advertí…
Conté la historia. Sin omitir nada, ni siquiera las partes que incluían Jared.
—Tienes que contárselo, Ax —declaró Cameron cuando expresé mi indecisión sobre contarle a mi padre o no.
—¿Para qué? La última vez que le mencioné el tema de Martin se puso como loco a gritarme y lo tuvieron que llevar al hospital de emergencia. Ya me quedé sin mi hermano, Cam, no quiero perder a mi padre también —le dije, desviando la mirada recordando la manera en la que papá me había gritado y el temor que sentí cuando su cara se puso roja y lo vi desvanecerse contra su escritorio.
Me arrepentía profundamente y ahora me sentía como la mierda por haberlos obligado de alguna manera a enfrentar la muerte de su hijo.
Yo solamente quería ayudar, pero terminó siendo peor.
Me rasqué el puente de la nariz, pensando seriamente lo que iba a hacer. Sí, estaba desesperado. Y sí, empezaba a actuar paranoico porque todo me estaba consumiendo, pero sabía que no podía tomarme lo que ocurría a la ligera. Tenía claro que no era algo que se solucionaría simplemente llamando a la policía.
Es más… dudaba que esa fuera la mejor opción. Al menos eso era lo que Abraham Kavanagh me había dado a entender.
—Pero es que esto es peligroso, Axel. —Volví al presente cuando Cameron volvió a abrir la boca.
—Lo sé, Cam. Créeme que soy muy consciente de en qué me estoy metiendo.
Mentira. No sabía nada. Sabía que era peligroso, sí, pero no tenía ni puta idea de la magnitud.
El hermano de Jared nos había contado la situación y lo que él creía que estaba ocurriendo, pero yo estaba seguro de que había una parte que se había guardado. Aún ocultaba cosas.
—Esto no es un juego, Ax. No es un caso que puedas resolver… Es… ¡Son criminales! no los bullys de la escuela.
Cameron descubrió por accidente una nota en mi auto y no paró de preguntar hasta que consiguió sacarme información. Le conté, parcialmente pero lo hice. Ahora me miraba con los ojos mega abiertos
—No. No lo estás haciendo.
—¿El qué?
—Meterte en algo turbio para solucionar esto. Hay que ir con la policía, Ax.
—Es la única opción que tengo.
—Y una mierda, Ax. Estás actuando de esta manera porque te la estás dando de justiciero y, joder, sé que quieres hacerle justicia a lo que le pasó a tu hermano y a Britney, pero no así. No puedes actuar de esta manera y poner en riesgo tu vida, Ax. No funciona así.
Hasta que Cameron hizo la pregunta.
—O sea que tu y esa chica, Jared…
—¿Qué con ella? —inquirí un tanto pronto.
—¿Están…? ¿tenéis algo o…?
—Me cae bien —contesté con simpleza.
—Ya. ¿Queda claro que no confío en sus “me cae bien”, cierto? Porque a ustedes suele caerles bien todo el mundo.
—Querrás decir Cameron —me excuso.
—Gracias por la ayuda, bro.
Lo pensé un momento, porque ya era la segunda persona que sugería algo más. Sabía que nuestra repentina amistad resultaba sospechosa, pero hasta ese momento no me había detenido a pensar en cuán raro podrían verlo mis amigos… O el resto del mundo en general.
Jared y yo compartíamos un secreto, eso nos unía un poco más que al resto. No consideraba a Jared una amiga cercana. Era un amiga, sí, pero la consideraba más una aliada que nada. O quizás una compañera. Sí, compañera en ese laberinto trágico que habíamos tenido que atravesar juntos en busca de la salida.
—Jared es… es como la Peeta de mi Katniss. Algo así, sí, solo que sin el romance y todo eso.
—¿Acabas de comparar la situación con los juegos del hambre? —inquiere Cameron, boquiabierta. Asiento muy seguro de mí mismo, esa seguridad se va a la mierda cuando añade—: Y de paso te has puesto a ti como a Katniss… Siempre supe que algún día nos contarías esto, pero no creí que fuera a ser en momentos tan delicados como estos.
Puse los ojos en blanco.
—Te dije que estaba enamorado de mi en secundaria y no me creíste —agregó Cam.
—Qué fastidiosos que son, de verdad.
*
La mansión se veía igual de imponente que siempre. Por fuera ni siquiera parecería que una tragedia había acechado a la familia. Por fuera lucía como una de esas mansiones perfectas en las que las familias vivían felices.
Miré a mi alrededor, tratando de atisbar algún rastro de la rata que me siguió el otro día y me tomó esas fotos que le enviaron a Jared.
Cameron y Cam lograron convencerme de que le contara todo a mis padres y así lo haría, principalmente porque quería que ellos también se cuidaran las espaldas.
Estaban en su habitación, mamá sostenía la mano de mi padre,
—Papá, mamá… Necesito que los dos mantengan la calma, ¿vale? No pueden alterarse… o al menos no como lo del otro día —dije, mirando a mi padre— Por favor, prometanlo.
—¿Qué es lo que ocurre, Axel? No digas nada que pueda perjudicar a tu padre otra vez, por favor.
—No tenemos más tiempo, mamá. No puedo esperar más para poder contarles lo que ha estado pasando estos días. No lo puedo seguir evadiendo, así que tendrán que escucharme, quieran o no.
Obviamente que estaba cagado del susto porque no quería que a papá le pasara nada malo, pero ya estaba ahí, no podía dar marcha atrás.
—La noche que murió Martin, no lo encontraron los policías como les dije. Lo encontré yo.
Les cuento la verdadera versión de la historia y no la que alteré para que ellos pudieran quedarse tranquilos.
Le cuento que jugaron con mi mente, que jugaron al gato y al ratón conmigo y que cuando encontré a Martin ya era demasiado tarde. Uso una voz queda, casi automática porque no quiero ser muy consciente de todo ni repetir esos escenarios en mi mente. Mis padres me escuchan atentos y para mi tranquilidad, papá no vuelve a alterarse.
Pero mamá llora.
—A Martin lo asesinaron, papá —digo al final— Lo asesinaron, y ha sido un tal Kapra.
—A mí me han estado siguiendo desde entonces —confieso y mamá dejó salir una exclamación ahogada—. Me dejan notas en el coche, amenazas, me escriben mandando… Imágenes de Martin. También han involucrado a la hija de Alexander Kavanagh en esto y hace unos días nos persiguió un tipo con un arma.
»Ya no puedo más, mamá. Papá, no puedo más. No puedo seguir con esto solo, yo… No sé qué diablos es lo que tengo que hacer para que ya nos dejen en paz… Y tengo miedo. Estoy jodidamente cagado porque no quiero que nada malo les pase, no quiero perderlos a ustedes, no quiero…
»No quiero seguir teniendo que preocuparme por si alguien me ha mirado por más tiempo, no quiero creer que todos los que me rodean están en peligro, no quiero seguir así. No puedo seguir así.
»Lo que sí anhelo con todas mis fuerzas es hacerle justicia a la muerte de mi hermano, y por eso estoy aquí hoy. Necesito tu ayuda, papá.
—¿Pero cómo…?
—Han dicho que tú has conspirado con el padre de Abraham Kavanagh para meterlo a la cárcel. Han dicho que ha querido tomar venganza contra nosotros por haberte metido con él.
—¿Qué? —exclamó papá, la confusión clara en su voz.
—Sí. Abraham dijo que eso era lo que había encontrado en los expedientes policiales.
Papá se mira confundido, como si buscara encajar una pieza importante en el rompecabezas de su mente.
—Yo nunca… Nunca he trabajado bajo ninguna circunstancias con Alexander, Axel.
Quedé sorprendido cuando dijo eso porque, si lo que nos había dicho Abraham era una mentira, ¿entonces cómo metió su padre a ese sujeto a la cárcel? Porque si no fue con papá…
¿Qué diablos estaba sucediendo?
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