Capítulo 5

 

"Salvada por…"


Si de algo estaba segura, era que no quería morir joven.

Bueno, en realidad, yo me pasaba la mitad del tiempo diciendo que me quería morir y la otra mitad, en esas últimas semanas, realmente sentía que me estaba muriendo. Pero nada de eso importa cuando de verdad puedes morir. Entonces, sientes el vértigo. El «no» definitivo.

Definitivamente no quería morir.

Imaginé que cualquier cosa podía pasar cuando abrieran esa puerta. De verdad, cualquier cosa.

Quizá dispararían.

Nos secuestrarían para llevarnos a una fábrica abandonada y torturarnos hasta sacarnos una verdad que no teníamos.

O moriríamos como unos imbéciles que habían estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Sin embargo, de todas las cosas que imaginé, ninguna era que tendría a mí propio hermano apuntándome con un arma.

Sus ojos se mostraron perplejos en el momento en que me reconoció.

—¡Manos arriba! —gritó el oficial que iba con él.

Ninguno de los dos obedeció. En cambio…

—No somos delincuentes —dijo Axel.

—No tiene cómo comprobar eso, joven. Manos arriba. ¡Ahora!

—Si fuéramos responsables de todo esto, ¿Cree que estaríamos aquí encerrados? No me joda.

—¡Dije que…!

—¿Qué haces tú aquí, Jared? —dijo mi hermano.

Le dediqué una mirada de «¿Es en serio?» que estoy segura que entendió.

Axel bufó, como si acabase de escuchar la pregunta más estúpida de la vida; yo también lo habría hecho de no ser porque se trataba de mi hermano. Sin embargo, Kane se encargó de pronunciar exactamente lo que yo estaba pensando.

—Pues mantenerse a salvo, ¿o tú qué crees? ¿que estamos aquí jugando al escondite?

Si no hubiera sido por el montón de preocupación que tenía encima, hubiera esbozado una sonrisa, lo juro.

—¿Quién es él, Jared? —mi hermano se dirigió a mí, quizás intentando comprobar que Axel no era ningún delincuente y yo no estaba en peligro.

—Nadie peligroso —le dije.

Abraham me miró con una ceja enarcada y dijo algo que no conseguí entender porque en ese momento una punzada de dolor me atravesó el vientre. Solté un gruñido y me doblé por el repentino y potente dolor.

Alguien se encargó de sujetarme, no supe descifrar quién. No tardé en averiguar de quién se trataba.

—¿Estás bien, Jar?

Era mi hermano.

Abraham me sostenía contra sí y yo intentaba ponerme derecha pero no podía, el latigazo de dolor me obligaba a doblarme nuevamente. Cerré los ojos y respiré entre dientes.

—Sí —murmuré al tiempo que, muy despacio, me estiraba.

Sentí un par de miradas sobre mí, pero cuando abrí los ojos, solamente pude fijarme en su mirada. Axel Kane. Me miraba con el ceño fruncido, como si no entendiera algo.

—No me parece que…

—Sólo son cólicos, Abraham, todo está bien.

Y le sonreí, pero salió más como una mueca de dolor que como una sonrisa. Medité un poco antes de intentar dar un paso, como no pasó nada, me apresuré a llegar hasta la puerta.

Sin embargo, había olvidado una gran preocupación, la posibilidad de que…

—¿Camila está bien? —pregunté, dirigiéndome hacia mi hermano.

—¿Cami? No la he visto.

El resquicio de dolor pasó a segundo plano cuando escuché eso. Toda la sangre bajó hasta mis pies y creo que mí corazón pudo haberse detenido en ese instante. «No, no, no, por favor, no»

Aunque que no la hubiese visto también era un indicio de que quizá había podido salir y estaba a salvo y lejos del bar. Me aferré a esa idea, no podía perder la esperanza.

El otro policía se encargó de revisar a Axel y después se dispuso a hacer lo mismo conmigo, mi hermano lo detuvo antes de que pusiera una mano encima de mí.

—Es mi hermana imbécil, por supuesto no tiene nada que esconder.

El oficial abrió mucho los ojos y alzó las manos en señal de disculpa. Casi hago una mueca, yo sí que tenía cosas que esconder, pero no tenían nada que ver con la situación.

Tuvimos que atravesar todo el desastre para poder salir. Había mesas y sillas rotas, algunas paredes tenían agujeros causados por las balas, sin embargo, no había rastros de sangre por ningún lado. No supe si eso me tranquilizó o preocupó en mayor medida. Si no habían ido a matar a nadie, ¿de qué se había tratado todo ese espectáculo?

Cuando estuvimos fuera, miré hacia todas partes en busca de mi mejor amiga. Si tenía suerte, ella podía estar a salvo, ¿verdad?

—…responder preguntas.

—¿Ah? —Hice una pequeña mueca, el dolor parecía querer volver.

Abraham me miró y luego por detrás de mí, supongo que a mi acompañante.

—Solo serán preguntas cortas y sencillas que no…

—¿Puede apurarse? —espetó Kane entonces al oficial—. No tengo tanto tiempo.

Casi asentí de acuerdo con él. Lo menos que quería estar haciendo en ese momento era responder preguntas absurdas, solamente quería encontrar a Camila sana y salva.

—¿Conocen al responsable de esto o tienen algún sospechoso?

—Ni siquiera sé realmente qué demonios fue lo que sucedió, menos voy a saber quién es el responsable—esa fui yo.

—Lo que ella dijo.

El oficial suspiró. Sentía la mirada de Abraham escrutándome, todavía.

—¿Han venido solos?

—Yo vine a cantar. Tenía una presentación.

—Y yo vine con mi mejor amiga. ¿Puede apurarse? Necesito encontrarla.

—¿Qué le pasó a tu nariz? —preguntó entonces el oficial.

Axel me miró un segundo.

—Ella lo hizo —y me señaló.

—Creí que estaba en peligro —me defendí, sintiéndome repentinamente avergonzada.

—¿Qué hacían encerrados en el baño? —Me sorprendió que esa pregunta la hiciera mi hermano, pero entonces caí en cuenta de su intención rápido.

Casi puse los ojos en blanco por su idiotez.

—Tratando de que no nos metieran un tiro, Abraham. Qué pregunta… —«más estúpida» quise terminar, en cambio negué y enderecé mi espalda, sintiendo todavía una leve molestia entre mis piernas— ¿Ya han terminado?

—Sí… —dijo el otro policía, pero yo podía sentir cómo mi hermano me exigía con la mirada que me quedara.

Seguramente tenía más preguntas absurdas para hacerme, pero yo no estaba de ánimos para ello, así que simplemente me di la vuelta y me dispuse a buscar a Camila por todas partes, sintiendo cómo mi corazón martillaba en mi pecho, preso de la preocupación.

Debía encontrarla.

*

Encontré a Camila tres calles más arriba del bar.

Corrí hacia ella sin pensarlo y la abracé con fuerza. Estaba tan agradecida de que estuviera viva y bien… me despegué solo para revisarla de arriba a abajo, asegurándome de que no tuviera heridas o… volví a abrazarla con fuerza y ella me devolvió el abrazo con la misma intensidad. Sé que murmuré un montón de cosas en su oído, pero estaba tan feliz porque estaba bien que ni siquiera fui consciente de qué demonios le había dicho. Dios, agradezco tanto que esté viva...

—¿Cómo conseguiste salir? —le pregunté cuando nos separamos. Camila tenía las mejillas enrojecidas al igual que sus ojos. Iba a llorar. Demonios, yo también estaba a punto de echarme a llorar con ella—. Dios, Camila, por un instante pensé… yo pensé que tú…

—Yo también —la duda cruzó su rostro. Se acercó a mi oído — ¿Cómo estás de… ya sabes?

Fui consciente del dolor otra vez. Había una punzada constante, pero la ignoré porque no dolía tanto. Me esforcé en sonreír.

—Todo bien.

Entonces recaí en la presencia de alguien alejado de nosotras.

Me costó ubicarlo, pero lo reconocí como Cameron, el baterista de la banda. Estaba hablando con Axel. Miré automáticamente a Cami, ella también estaba mirándome. Quizá por la mente de ambas cruzaba el mismo recuerdo.

El de un Axel con la mirada perdida y la camisa manchada de sangre, justo como el que estaba frente a nosotras en ese momento.

Nunca fui muy cercana a Axel, quizá habíamos hablado unas cuantas veces en lo que llevaba en la universidad, sin embargo, poco sabía de él.

Sabía lo mismo que todos, supongo.

Que estudiaba en la facultad de derecho.

Que sus padres eran abogados muy prestigiosos.

Que era un alumno excelente.

Que la mitad de las chicas del campus se volvían locas por él y que la otra mitad más de una vez se había quedado embelesada mirándolo.

Que tenía una banda y empezaban a hacerse un nombre.

Y que era el amigo de Logan, mi ex novio.

Un sabor amargo se instaló en mi boca. Una nueva preocupación abordándome de golpe. Esa noche… él nos vio. Me vio. Si me esforzaba, podía recrear la manera en la que su mirada se volvió confusa cuando se percató de nosotras. De Camila llevándome en una silla de ruedas hacia la salida.

La pregunta sembró en mi mente sin pedir permiso. Genial, otra más a la lista de cosas que no me dejarán dormir esta noche.

Dejé de mirarlo cuando sus ojos se alzaron y me vieron de vuelta.

«¿Le habrá contado a Logan?» el pensamiento retumbó en mi cabeza.


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