Capítulo 4
"Buena izquierda"
Escuché que Emma gritó que debíamos salir, pero yo estaba paralizada. Incluso logré ver que Matt agarraba de la mano a Camila y la jalaba con él, entre la multitud.
Pegué un respingo cuando unas personas casi me pasan por encima. Eso bastó para hacerme reaccionar.
Entonces fue cuando sentí como tiraban con fuerza y desesperación de mi brazo. Me di la vuelta y vi que era Camila, quien me miraba asustada y sin saber qué hacer. Estaba sola, supuse que había dejado a los chicos para regresar por mi.
—¡Tenemos que salir, Jed! —me gritó desesperada. Nos agachamos cuando volvió a sonar otro disparo. No podía ver de dónde venían ni de quién. Definitivamente no se trataba de la policía.
Yo la agarré del brazo con fuerza e intenté abrirnos paso entre la multitud. Recibimos empujones de las personas que intentaban escapar. Corrimos hacia uno de los baños, pero antes de que Camila pudiera entrar, un disparo pegó en la barra. Ella se asustó y se cayó, quedando por debajo de esta y lejos de mí.
—¡Camila, no!
Di un paso en su dirección, pero alguien me empujó y caí al suelo en un golpe seco. Sentí que me pisaron la mano y solté un grito de dolor. Tomó todo de mi levantarme y, cuando lo hice, había perdido de vista a mi mejor amiga. Grité su nombre, pero fue en vano en medio de ese desastre. El pánico trepó por mi pecho. La gente me empujaba sin remordimientos y empecé a sentirme mareada.
Entonces fue cuando ocurrió.
Alguien tomó de mi brazo hacia dentro de los sanitarios con violencia y lo siguiente que sentí fue que una mano me tapaba la boca. La puerta se cerró de golpe. El pulso se me disparó súbitamente e intenté zafarme del agarre, pero el detonante de otro disparo, que sonó incluso más cerca, hizo que me congelara en mi sitio. Seguía escuchando los gritos.
Me costó respirar. El corazón me iba a toda prisa y sentía que podía salirse de mi pecho. El pánico me tenía entumecida. Lo único que logré hacer fue poner mi mano por encima de la del desconocido, pero quería retorcerme, gritar, escapar e ir con Camila.
Camila, su rostro contraído en susto se quedaría grabado para siempre en mi mente. Las lágrimas empezaron a aglomerarse en mis ojos y sentía cómo los sollozos luchaban por salir de mi garganta.
—Shhh. —escuché cerca de mi oído. Me estremecí.
La imagen de cómo mi mejor amiga se tropezaba y quedaba fuera de mi alcance se repetía una y otra vez. Ella había perdido la oportunidad de salvarse por regresar por mí. Volví a sentir ganas de llorar, de gritar y de salir corriendo a buscarla.
«Por favor que haya conseguido escapar», rogué.
*
Por un momento todo fue oscuridad.
Un breve lapso de tiempo en el que sentí que mi respiración se cortaba. Y de pronto todo a mi alrededor desaparecía, dejándome una oscuridad creada por mi mente. Me sentí paralizada, hasta que me di cuenta que no estaba respirando y cuando intenté llenar mis pulmones de aire fui consciente de que la mano se presionaba con fuerza en mi nariz.
Por instinto intenté quitarla y la persona que tenía detrás de mí me soltó como si el contacto le quemase. Me despegué de su cuerpo a toda velocidad y cogí una bocanada de aire. Mi siguiente impulsó fue apretar la mano en un puño y girarme.El «crack» del golpe fue lo que resonó en el baño. La persona emitió un gruñido de dolor y lo vi llevarse las manos a la nariz, pronto estas se mancharon de sangre. Eso no me sorprendió pero sí lo hizo ver de quién se trataba cuando se destapó el rostro.
Era Axel Kane.
Soltó maldiciones, pero ni siquiera nos dio tiempo de reaccionar a nada porque algo impactó contra la puerta fuertemente. Di un salto y sin quererlo me acerqué un poco más a él.
Axel también alzó el rostro, repentinamente alerta y se quedó mirando la puerta, a la espera de que alguien la abriera. Pero lo único que pasó después fue el silencio, o bueno, todo el silencio que se podía tener mientras se seguían escuchando cosas rompiéndose, o quién sabe qué era lo que estaba pasando al otro lado de esa puerta.
«Pum, pum, pum». Los latidos de mi corazón retumbaron en mis orejas.
El peso de que Camila se había quedado allá afuera cayó de golpe sobre mí. Estaba completamente consciente de que ella podría estar muerta o en manos de alguien que podría hacerle daño. Me cubrí la boca cuando creí que me largaría a llorar ahí mismo.
Mi mente empezó a maquinar cualquier cosa que pudiera darle sentido a la situación.
Alguien podría haber pertenecido a alguna banda de delincuentes.
El dueño del local podría tener deudas. Ya podía imaginar qué tipo de deudas.
Algún chico idiota pudo haberse metido con la novia de un maleante.
Había muchas probabilidades y todas eran malas. Calculé las posibilidades de que Camila hubiera logrado escapar junto con los chicos. O con quien fuera, lo único que quería era pensar que podía estar a salvo. Era una posibilidad minúscula, era consciente de ello, pero prefería creer o perdería la cordura.
—¿Estás bien? —el susurro provino de tan cerca que me sobresalté. Choqué contra su pecho sin quererlo y entonces giré el rostro en su dirección.
Axel Kane estaba a un palmo de distancia. Demasiado cerca para mi gusto.
Mis ojos recorrieron su rostro. Había un poco de sangre cubriendo su boca y mentón a causa del golpe que le asesté. Un recuerdo reciente de ambos instalándose en mi cabeza que aparté de inmediato. Axel también me observaba, pero su mirada era mucho más intensa que la mía; no supe distinguir si por naturaleza o de manera intencional.
Me tragué las ganas de llorar para poder contestarle.
—Si, —mentira, había la posibilidad de que mi mejor amiga estuviera muerta o herida, por supuesto que no estaba bien— ¿tú?
—También. —Estaba segura de que eso también era una mentira. Su nariz no se veía muy bien.
—Yo… eh… lamento… lamento haberte golpeado.
—Tranquila —dijo, su voz sonó rara porque intentaba detener el sangrado—. Tienes buena izquierda.
—Sí, la tengo —reí por puro nerviosismo, en realidad quería gritar y llorar y gritar otra vez para luego seguir llorando—. ¿Seguro que estás bien? ¿Puedes respirar?
—Sí, sí.
Guardamos silencio. Ya no alcanzaba a escuchar sonidos del otro lado, pero eso no significaba que estábamos a salvo. Pareció transcurrir una eternidad en la que lo único que conseguía percibir eran mis fuertes latidos y nuestras respiraciones, hasta que la perilla de la puerta se movió violentamente, como si alguien estuviera intentando abrirla del otro lado. Esta no cedió; asumí que Axel le había puesto el seguro.
Axel, por cierto, dio unos pasos para posicionarse delante de mí y me cubrió con su brazo de forma protectora. Fui consciente de cómo adoptó una postura alerta. Yo lo imité, esperando el ataque.
La perilla dejó de moverse y segundos después algo impactó fuertemente contra la puerta. Una y otra vez. Y otra vez. Hasta que el seguro cedió y la puerta se abrió de par en par.
Sólo dos segundos me tomaron para divisar una pistola apuntando directamente hacia nosotros.
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